Orientación en los edificios

Desde tiempos inmemorables el ser humano se ha percatado de la importancia que tiene el sol en el confort. Desde que nuestros ancestros salieron de la cueva y construyeron la cabaña, han podido elegir su orientación con respecto al sol y al movimiento del viento, dos cuestiones naturales muy importantes para el habitar.

Construimos porque habitamos, y habitamos en busca de un confort que no se encuentra al aire libre debido a nuestra fisionomía. El sol, esa bola gaseosa en constante incandescencia, es la mayor fuente de energía influyente en el planeta Tierra, esto se traduce a nivel energético en kW, y a nivel arquitectónico en habitabilidad (confort y salud).

Un edificio mal orientado es un problema por varios motivos. Si estamos demasiado expuestos al sol en una zona calurosa, nuestra vivienda se puede convertir en un sitio inhabitable; y viceversa. Un arquitecto debe conocer intrínsecamente las necesidades de habitabilidad del espacio, si en cualquier diseño prevalece el diseño antes que las condiciones saludables, el arquitecto pasa a ser un escultor. Función vs Forma. Si en caso contrario, la habitabilidad prevalece al diseño, el arquitecto se convierte en ingeniero. La arquitectura es la búsqueda elevada de estos dos conceptos, uno sin el otro no es arquitectura.

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